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May 23, 2019

¿Cómo hacer el trabajo más ágil?

Cambios culturales en la organización para lograr mayor agilidad y efectividad al momento de trabajar.

Por: Jorge Sapirstein

Alan Cyment en su libro El arte de amar los lunes refleja lo que muchos de los trabajadores del conocimiento sentimos y pensamos: ‘’¿Cómo poder hacer más simple, más fácil nuestros desafíos laborales?’’.
 
La agilidad no son solamente principios, es una forma diferente de hacer las cosas. Las organizaciones llevan años trabajando de una manera, influidos y atravesados por una cultura, hasta que perciben que los clientes no piden lo mismo y los empleados empiezan a tener distintas necesidades y empiezan a desear cambiar.
 
El cambio no es fácil. Hay ciertas pérdidas que la organización tiene que afrontar. Este es uno de los desafíos transformacionales más importantes. No sería adecuado pensar que la agilidad es “hacer las cosas como pinten”. Siempre hay una visión, estructuras, orden, equipo y la necesidad de establecer un consenso.
 
Otro elemento importante es la confianza, piedra basal que permite la autogestión y motivación de los equipos. La visión ágil nos ayuda a tener un horizonte compartido, sin esa manera de pensar es muy difícil construir. De hecho, el horizonte se define a través de una “visión”, o dicho de otra manera en un contexto ágil, el pensamiento compartido de hacia dónde ir, de cómo hacer las cosas.
 
La visión nos permite tener una perspectiva, un sentido de lo que estamos haciendo y a partir de ahí definir una forma de hacer. Si el camino nos conduce hacia la visión es que estamos yendo por la vía correcta. La forma de medirlo y evaluarlo es a través de OKRs (Objectives and Keys Results) que, si bien no son un descubrimiento necesariamente de las prácticas ágiles, es una buena forma de combinar resultados, objetivos y medir rápidamente el hacer.
 
Los OKRs nos ayudan a no desviarnos de la visión. El objeto principal de cualquier práctica ágil es el cliente. Y si bien, muchas veces se piensa en la agilidad como el desarrollo de un software, en una visión más amplia la agilidad es un concepto que engloba a toda organización. Responde a toda entidad que construye un producto o un servicio, en donde podemos identificar un cliente que espera un valor en forma temprana.
 
Hace poco tuve una experiencia con unos alumnos del posgrado que estaban encarando su trabajo final. Ante el desafío que implica un proyecto de este tipo, les sugerí (sin etiquetar) trabajar de una manera ágil. Es decir, ir construyendo valor, tener entregas tempranas, tener feedback a tiempo, y llegar a un producto final que fuese valioso para las dos partes. La realidad cultural nos llevó a que se transformara en un proyecto tradicional. Esto significa que nunca me mostraron avances. Lo que influyó a que mi humor cambiara, desconfiara del producto que iban a entregar y en la fecha de devolución presentaron algo que estaba muy lejos de lo que se esperaba. Esto produjo frustración de ambas partes. La conclusión que llegamos es que, si hubiéramos discutido avances, si hubiéramos generado confianza en la relación, si yo como cliente hubiera participado de algunas decisiones del equipo, es posible que el resultado hubiera sido distinto.
 
Pero, como dicen los historiadores, la historia “es” y no “hubiera sido”, pero sí los invito a que en algunas iniciativas prueben, se den permiso a equivocarse, que integren a sus clientes en las decisiones, que generen confianza, que comiencen a cambiar la cultura de a pedacitos. Si pueden iniciar con esto, es posible que la agilidad pueda ser una realidad en sus vidas profesionales. 
 
 
Jorge Sapirstein: 
Lic. en Historia en la Universidad del Salvador, posgrado en Gestión y Negocios en la Universidad del San Andrés (UDeSA). Gerente de consultoría y project management en Practia Global. Docente en dirección y gestión de proyectos en la UdeSA, ITBA y en la Universidad Privada Santa Cruz (Bolivia).